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Mecánico Juan

(madera, yeso, papel)

 

 

 

A la memoria de Jaime y Manuel, los dos abuelos.

 

 

 

 

 

[...] Claro que había visto cuadros en libros y galerías, pero pensaba que los artistas los pintaban durante las noches, cuando habían terminado con los carteles, las tarjetas de Navidad y  lo que fuera que hicieran para ganarse la vida.

 

David Hockney (David Hockney by David Hockney, 1976 )

 

 

I don't see any difference now between what I collect and what I make.

 

Richard Prince (nota de prensa Gagosian Gallery NY, 2015)

 

 

 

 

 

 

1. Coleccionismo

 

 

Siempre me ha interesado el coleccionismo en su dimensión más patológica y menos glamorosa. No debe extrañar que los especialistas reconozcan que el instinto coleccionista se desarrolla comúnmente en los dos extremos que marcan la vida del hombre. Me refiero a la acumulación como recurso infantil para asir y ordenar un mundo que se presenta nuevo y extraño, y al instinto del anciano de aferrarse a la vida a través del ancla de los objetos y los afectos.

 

En ciertos casos, sin embargo, la pulsión coleccionista nunca se interrumpe. El delirio de clasificar y ordenar el caos, el estado de hiper-consciencia de que todo subsiste bajo la amenaza inminente de su próxima desaparición, termina representando una pesadilla recurrente. Una enfermedad. La fotografía, ante tal situación, supone una manera de aliviar la ansiedad de forma discreta y funcional. Todo puede ser preservado y ordenado a través de ella. Además, guardar  fotografías ocupa menos espacio en los cajones.

 

 

 

 

2. Cartelismo

 

 

A inicios  de los años ochenta empecé a recorrer la carretera. Un primo tenía una casa en una playa del norte del país que visitábamos durante las vacaciones de colegio. El paisaje, la costa desértica peruana, fue un descubrimiento imprevisto. Como siempre, el viaje es (y era) el verdadero y único destino.

 

Ante un nuevo e interminable escenario de caseríos y pequeños pueblos casi imposibles de memorizar para quien ya tenía problemas para retener fechas de cumpleaños y números telefónicos, los carteles y las modestas construcciones a lo largo de la carretera fueron la ayuda indispensable para demarcar un recorrido (un territorio). Llegando al cartel 1 o la casa 2, podía saber que me encontraba a mitad del viaje o cerca de un lugar con derecho a descanso.

 

Con los años terminé fotografiando carteles, murales y construcciones en la carretera. Empecé a “coleccionarlos” y, en el caso de los carteles, llegué al extremo literal. La carretera cambió de eje con el tiempo, muchas construcciones artesanales desaparecieron por inanición. También los viejos carteles de madera y lata, que fueron reemplazados por impresiones digitales en láminas plásticas. Todo fluye, decía un hombre de Éfeso.

 

 

 

3. (bicicleta, cuchara, manzana)

 

 

El Mini-Mental State Examination (MMSE), creado por Marshal y Susan Folstein conjuntamente con Paul McHugh, representa un test para vigilar el deterioro cognitivo y seguir su evolución en personas con alteraciones neurológicas. En la sección que evalúa la memoria de fijación (o memoria inmediata), se hace repetir al paciente tres palabras hasta que las retenga, por ejemplo: bicicleta, cuchara, manzana. Inmediatamente después, se le somete a una serie de pruebas de cálculo matemático que buscan distraerlo para, luego de un rato e inadvertidamente, pedirle que repita de golpe las palabras memorizadas minutos atrás. Se evalúa con tres puntos, según cada una de las tres palabras se recuerde o se olvide.

 

Los carteles, como los objetos y todo lo pasible de ser acumulado y coleccionado (dentro de los límites de lo irrazonable), no sólo suponen un intento de ordenar y sistematizar el mundo,  sino que también contribuyen a evocar el recuerdo afectivo de una experiencia que el tiempo se encargará de diluir: un viaje, una persona, un lugar. Ahí, cuando la palabra y la razón empiezan a desaparecer, los sentidos primarios de la vista, el tacto y el olfato nos recuerdan, noble e imperfectamente, lo que fuimos y  la materia de la que estamos hechos. Madera, yeso, papel.

 

 

 

 

Juan Enrique Bedoya GM, octubre 2015

 

Juan Enrique Bedoya: Mecánico Juan (madera, yeso, papel)

Garúa, calle Miraflores 110, Barranco

Hasta el 23 de diciembre

 

Una individual de Juan Enrique Bedoya, uno de los artistas más interesantes de su generación, es un acontecimiento entre nosotros, considerando que su última individual se presentó en 1997

 

En “Mecánico Juan (madera, yeso, papel)”, una serie de fotografías, objetos, suvenires y carteles callejeros nos lleva a un recorrido de carretera por la memoria visual del Perú urbano y periurbano, desplegada en paralelo a los recuerdos personales del artista. Se traza así un paisaje social, estético y económico del país en base a ciertas formas de arte popular (carteles, murales, afiches).

 

Bedoya unifica este conjunto diverso, sugiriendo un “continuum” entre el coleccionismo y la fotografía como formas de producción artística: la fotografía sería una forma simplificada de coleccionar objetos y el coleccionismo una forma concreta de capturar una imagen—dos modalidades particulares de “apropiacionismo” (no en vano uno de los epígrafes de la muestra cita a Richard Prince, icono del arte de apropiación)—.

 

El artista hace una relectura crítica de su experiencia del entorno mediante la re-contextualización de estas imágenes y objetos. Las piezas se leen a la par como registros documentales, comentarios sensibles, señalamientos críticos y descubrimientos estéticos, lecturas que convergen en “Debris (selección)”, una suerte de cápsula de tiempo, archivo de intereses, autobiografía no-narrativa, museo íntimo y depósito extravagante (“debris” significa escombros).

 

Pero también nos deslizamos entre estas perspectivas, algo especialmente aparente en la contraposición “dialéctica” entre representación (fotográfica) y presentación (del objeto fotografiado). Así, por ejemplo, el pareo entre el cartel “Mobil, Castro, Shell, Texaco -  Mecánico Juan” y la foto del cartel junto al mecánico en cuestión, permite atender al marco de interpretación que cada forma de presentación emplaza.

 

Algo similar ocurre con la foto “S/t (Lulú)” de una valla publicitaria en la Panamericana Sur, mostrada junto a la botella de litro de la desaparecida bebida Lulú, expuesta en una vitrina. Este paralelo entre representación publicitaria y objeto—una suerte de “Kosuth de provincia”, a decir del artista—se entreteje a la vez con el recuerdo del paisaje de carretera, de la marca y de la bebida misma, conservada reiteradamente en la foto, en la botella, en la vitrina y en la memoria.

 

Estos paralelos buscan disparar un universo de asociaciones entre momentos, lugares y situaciones que conectan enfoques diferentes, tal como ocurre con el cartel “Venta de Gas Aquí”, mostrado junto a las alcancías de yeso en forma de balón de gas. Este montaje activa un relé conceptual—en clave económica—entre modelo productivo, comercio informal y ahorro doméstico.

 

La mirada simultáneamente crítica y afectiva de Juan Enrique Bedoya da cuenta de las transformaciones de la periferia urbana, de la idiosincrática inventiva ante la precariedad, del complejo escenario del empleo y el subempleo y de los cambiantes modelos sociales. En suma, lo que el artista nos presenta es una constelación de evidencias acerca del carácter esencialmente aspiracional que ha tenido la modernidad en el Perú y de lo fragmentario de sus procesos. La muestra termina hoy (23/12/2015) y vale la pena verla.

 

 

Max Hernández Calvo

 

 

30 de diciembre 2015

Diario El Comercio