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Pablo Vargas Lugo: No Imago

 

“No imago” del artista mexicano Pablo Vargas Lugo plantea una sofisticada reflexión sobre la imagen como posibilidad. El título alude a la etapa final de la metamorfosis de un insecto: imago. La cita tácita es a la mariposa y sus formas cautivantes y complejas.

 

Esta referencia se evidencia en una serie de cuadros abstractos de formas irregulares de colores (técnica del marmolado) con unas pequeñas estrellas de color gris cuyos centros tienen círculos concéntricos en blanco y negro. Estas imágenes de guiño informalista y aire psicodélico sugieren un “magma” visual del que emergen “ocelos”—esa defensa mimética que presentan algunas mariposas en sus alas y otros animales—.

 

El piso de las salas donde cuelgan estos cuadros está cubierto de arena, que baja por las escaleras. Sobre la arena se ha trazado una suerte de cenefa con arena de colores que replica el contorno de la arquitectura pero también crea un puente entre las salas, con una línea curva. La geometría de la cenefa rompe con las formas líquidas e irregulares de los cuadros.

 

Sin embargo, pese a la diferencia entre las imágenes de arena y las formas pintadas, la instalación da lugar a una inversión: al recorrer el público la sala, las formas de arena multicolor se van desdibujando y sus colores se dispersan y confunden. En cambio, las formas confusas de los cuadros, en los que pareciera que una figura está por emerger, se revelan estables. Se articulan lo planeado y el azar, el orden y la entropía.

 

El término imago tiene también una acepción psicoanalítica: “la determinación subjetiva de la imagen” (D. Evans). Aunque el término alude a representaciones de personas, lo clave aquí es la articulación de lo afectivo y lo visual. En ese sentido, al abordar las infinitas posibilidades de la imagen, la instalación recluta no solo nuestra mirada sino también nuestros afectos. Piénsese en el tramado afectivo detrás de nuestras asociaciones al adivinar una forma abstracta.

 

Vargas Lugo incorpora además una dimensión cinestésica a los procesos de formación y deformación de imágenes: nuestro recorrido de la muestra reconfigura las formas trazadas en la arena. Con cada paso cambiamos aquello que vemos. De tal modo la obra superpone varios tiempos contrapuestos ligados a nuestra participación en la exposición: el tiempo del recorrido del espacio, el tiempo de la percepción de las imágenes, el tiempo de la destrucción de las figuras en la arena y el tiempo de la duración de la exposición.

 

Pablo Vargas Lugo nos sugiere así que las posibilidades infinitas de la imagen emergen del cortocircuito de coordenadas temporales, espaciales, afectivas y ópticas. Por ello es que descubrir, reconocer, confundir e imaginar se tornan en virtuales sinónimos, pues en este terreno, como diría el poeta, “no hay orden ni desorden”.

 

 

Max Hernández Calvo

Diario El Comercio

Junio 2016