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Philippe Gruenberg: Un lugar húmedo

 

“Un lugar húmedo”, de Philippe Gruenberg, es una exposición exigente—no hay textos explicativos y el trabajo es complejo—que gira en torno a la ciudad y su arquitectura y la fotografía.

 

Una construcción color gris de dos partes alude, por su frente, a la fachada de un edificio y, por su espalda, al interior de una vivienda. La primera estructura tiene tres aberturas a modo de ventanas que permiten ver una cuadrícula interior en blanco y negro. La segunda tiene un zócalo blanco, una fotografía colgada y está acompañada por dos elementos color negro como rejas.

 

La cuadrícula quiebra con la representación arquitectónica (no representa un interior doméstico), pues nos remite a ordenes abstractos: la cartografía, el urbanismo. De hecho, el “interior” de la vivienda está representado a la espalda de la construcción, junto a estructuras de diseños que recuerdan a las rejas limeñas. De esta forma, la instalación anula la distinción entre interior y exterior, a la vez que remite a las reelaboraciones estéticas de las formas de la modernidad: la severa cuadrícula convertida en un motivo ornamental vernáculo. Asimismo, la simplicidad formal del frente (la “fachada”) sugiere la asimilación del “International Style” en la arquitectura local pero también recuerda a las formas minimalistas.

 

Gruenberg también parece abordar la idea de lo fotográfico; la muestra está atravesada de guiños a la fotografía. Por ejemplo, la grilla no solo está ligada conceptualmente a la abstracción modernista, sino que en la instalación genera, perceptualmente, la ilusión de estar pintada y la ilusión de la cuadrícula de Hermann, invocando así al campo de la óptica. Las “ventanas” no son solo arquitectura pues también son encuadres que evocan al visor de la cámara de fotos. No en vano, las tres fotografías incluidas en la instalación operan como correlatos de esas ventanas. Precisamente la fotografía que está a la espalda de estas ventanas yuxtapone dos imágenes (un cactus y una cornisa), enmarcando dos tomas y dos encuadres distintos. Igualmente, la restricción a una paleta en blanco y negro no solo responde miméticamente a los colores de la gris Lima, sino también parece una citar la carta de grises con la que se ajustan los valores tonales de la cámara; es decir una referencia a la técnica fotográfica. Curiosamente, las fotos expuestas han sido ampliadas hasta perder la precisión del registro, alejándolas de las tradiciones fotográficas que la instalación emplaza.

 

Philippe Gruenber nos ofrece una aproximación a la ciudad y sus formas mediada por la fotografía pero ajena al medio. En el fondo, la de Gruenberg es una reflexión de la fotografía sin fotografía en una instantánea de la calle cuya poética enigmática se revela recorriendo espacios imaginarios y redes de asociaciones.

 

Max Hernández Calvo

Diario El Comercio

Agosto 2016