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Fragmentos y escalas

 

 

Alguna vez oí a un poeta decir que él procuraba concentrarse en las sílabas, en los nudos de sonido, y no en las palabras que éstos conforman.

Decía que un enfoque parcial, un enfoque en el fragmento, permite que un ritmo discordante o eufónico pueda emerger.  Durante sus charlas, a veces bajo los efectos de la mezcalina, Allen Ginsberg solía hablar sobre esto, sobre cómo lograr un efecto llamado “prosodia”.  Se trata de una manera de escribir (o leer) un texto.  Una manera de mirar el mundo.

 

La fotografía tiene una capacidad especial para llevar a la práctica la idea de lo fragmentario.  Al poner un marco sobre el mundo, la foto termina apuntando a sus cuatro bordes. Es una manera de describir las limitaciones del medio, pero también es una forma de destacar el ritmo, la musicalidad y la entonación por medio de imágenes.

 

Se dice que Safo compuso nueve libros líricos, de los cuales sobrevive solo uno en su totalidad.  El resto existe como una forma que los clasicistas contemporáneos denominan ‘fragmentos’, y que han sido numerados del 1 al 23.  En Safo:  Poemas y Fragmentos,  el clasicista Stanley Lombardo (2002), se refiere a los fragmentos como “bellas extremidades aisladas”.  En su libro Si no, el Invierno: Fragmentos de Safo, publicado al año siguiente, la poetisa Anne Carson argumenta que su cualidad incompleta es justamente la que dota al resto de los poemas, a sus palabras y sílabas, de un significado particular.

Esta manera de estar perpetuamente incompleto opera como un recordatorio de nuestro propio saber y sentir humano. En otras palabras, la parte es más importante que el todo. Nunca lo vamos a ver todo, saber todo, ni sentir todo. Sebastián Mejía dice que quiere que su fotografía le enseñe a “vivir con poco”; yo creo que esto, al menos en parte, es a lo que se refiere.

 

Las fotografías de Mejía son conscientes de esta fragmentación de dos maneras.  Sabiendo que la foto puede existir solo como una parte, o una alusión a un mundo externo mayor, Mejía va más lejos: cada imagen posee una especie de corte interno también. Vemos las hojas y el tallo de una planta, pero no su base (y viceversa); secciones de automóviles, pero nunca la máquina entera. Nunca hay un encuadre entero o un plano general, sino más bien una serie de torsos y extremidades. Aunque no aparezca el cuerpo humano (que rara vez aparece en el trabajo de Mejía), los objetos en las imágenes me parecen como figuras expuestas parcialmente, levemente cautelosas pero llenas de anhelos. Un pedazo sacado de un corpus mayor: aunque está cargada de melancolía, esta puede ser la forma más atractiva de componer música, escribir poesía, o hacer imágenes.

 

 

 

Carmen Winant